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A 18.000 kilómetros de la frontera entre Nepal y China, El Chaltén enfrenta un riesgo de inundación repentina asociado a un lago glaciar, un tipo de fenómeno que dejó al menos 1.127 muertos y 4.850 desaparecidos en la tragedia del Himalaya. La comparación no implica que ambos eventos puedan alcanzar la misma escala, pero especialistas advierten que comparten una secuencia física: el desprendimiento de una ladera sobre un cuerpo de agua de origen glaciar, seguido por una descarga abrupta de agua, rocas, sedimentos y troncos.

En Nepal, la riada afectó poblaciones enteras del norte y el centro del país. La crecida del río Trishuli llegó a ubicarse entre 15 y 18 metros por encima de su nivel habitual y destruyó asentamientos a lo largo de 72 kilómetros. El episodio, registrado el pasado 26 de agosto en Rasuwa, expuso las consecuencias que puede producir un desborde súbito de un lago glaciar en un valle ocupado por viviendas, caminos e infraestructura

En el sur de la Argentina, el escenario bajo observación se encuentra en la cuenca de la Laguna Torre, a unos 10 kilómetros de El Chalténen Santa Cruz. Allí, la ladera norte del cerro Solo muestra signos de inestabilidad desde hace años. Un colapso de rocas y material de montaña sobre el lago podría levantar una ola interna, romper la morena terminal que retiene el agua y liberar una masa de agua por el valle del río Fitz Roy. Ese proceso se conoce como GLOF, una sigla en inglés que refiere a las inundaciones por desborde de lagos glaciares.

El fenómeno depende de una combinación de factores: la presencia de agua contenida por barreras naturales, el retroceso de los glaciares, la desestabilización de las laderas y un disparador capaz de provocar una ruptura o un deslizamiento. La amenaza no reside en una crecida gradual, como la de un río que aumenta su caudal durante días, sino en la velocidad y la fuerza con que el agua puede avanzar valle abajo.

La investigadora Mariana Correas González, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA-CONICET), explicó que el retroceso glaciar deja expuestas las pendientes que antes tenían apoyo en el hielo. “Al perder ese sostén, las laderas pueden volverse inestables y producir avalanchas de gran volumen. En el caso del cerro Solo, ese material podría caer hacia la Laguna Torre, un sitio transitado a diario por visitantes que recorren los senderos del Parque Nacional Los Glaciares”, sostuvo la experta glacióloga.

Y agregó: “El Lago Torre, ubicado a unos diez kilómetros de la ciudad de El Chaltén, es uno de los cuerpos de agua considerados en situación de vulnerabilidad. Hay varios indicios de inestabilidad del Cerro Solo. Hay fotos que van mostrando cómo va cediendo un costado de la ladera. Y eso puede provocar una inundación en el Chaltén”.

Para la especialista, un volumen de material glacial colapsado que se desplaza al lago puede romper la morena, o barrera de contención natural que tiene el lago. Es un material de detritos o fragmentos de roca de distintos tamaños, que van de centímetros a grandes metros. “Eso pasó en Parque Nacional Los Glaciares se produjo en febrero de 2013 con un colapso del canal Upsala, mucho más profundo y grande que el lago Torre”, recordó.

El riesgo se concentra en la ladera del cerro Solo y en la Laguna Torre

La preocupación científica no surgió a partir de la tragedia ocurrida en Nepal. Los investigadores analizan la cuenca desde hace años, con estudios sobre la evolución del hielo, las pendientes rocosas y los lagos que se forman o crecen tras el retroceso glaciar. El desastre asiático funcionó como una advertencia pública sobre un peligro que, en la Patagonia, ya contaba con antecedentes geológicos e históricos.

Correas González señaló que una masa desprendida desde el cerro Solo podría impactar sobre la Laguna Torre y generar una ola capaz de superar o fracturar la barrera natural del lago. “Rompiendo la barrera que contiene el agua, se produciría una inundación repentina”, advirtió.

La científica mencionó las investigaciones de Daniela Schmidt, integrante del Instituto de Estudios Andinos Don Pablo Groeber de la Universidad de Buenos Aires (IDEAN-UBA). El trabajo de seguimiento de la ladera permite identificar cambios y estimar escenarios de posible colapso, aunque no permite fijar una fecha precisa para un desprendimiento. Esa incertidumbre define una de las dificultades centrales de la gestión del riesgo: no existe una cuenta regresiva exacta pero sí indicadores, que justifican medidas de prevención.

Las mediciones recientes sumaron otro elemento de preocupación. De acuerdo con los datos expuestos ante el Concejo Deliberante de El Chaltén, la grieta detectada en la ladera se desplazó durante el último año tanto como durante los siete años previos en conjunto. A la vez, el volumen de agua de la cuenca del glaciar Torre resultó mayor que el calculado en las primeras simulaciones de 2018, debido a la formación de un segundo cuerpo de agua por el derretimiento sostenido.

El geólogo Diego Winocur, parte del equipo que estudia la zona, describió ante los concejales el mecanismo que podría derivar en una emergencia. “Hay parte de una ladera que se está moviendo lentamente, que proviene del glaciar que está en las cabeceras, y esa ladera desemboca directamente en un lago. Y si eso se cae abruptamente, ese lago puede desbordarse”, precisó.

 

 

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