Dólar oficial $--- Dólar blue $--- Dólar tarjeta $---

Por: Jimena Sotomayor,  Asesora de Imagen

¿Alguna vez te detuviste a pensar qué sentís cuando te mirás al espejo antes de salir? Muchas veces, en el apuro del día a día, elegimos lo primero que encontramos, priorizando esa comodidad casi automática que nos dejó la pandemia. Pero vestirnos es mucho más que cubrir el cuerpo; es el primer mensaje que enviamos al mundo y, sobre todo, a nosotros mismos. Vivimos en sociedad y, aunque a veces lo olvidemos, existen hilos invisibles que nos conectan con los demás. La vestimenta es uno de ellos: un gesto de amor propio que eleva nuestra autoestima y una muestra de respeto hacia quienes nos rodean, incluso antes de decir una palabra.

De la cortesía al descuido

Si miramos un poco hacia atrás, el buen vestir era considerado un gesto de cortesía y armonía. No se trataba solo de seguir reglas rígidas, sino de entender que nuestra presencia formaba parte de un entorno compartido. Sin embargo, hoy sentimos que esa atención por el detalle y ese respeto por el otro se han ido diluyendo poco a poco.

El gran punto de quiebre fue, sin dudas, el 2020. La pandemia nos guardó en casa y, de repente, nuestras reglas de vestimenta parecieron esfumarse. Nuestra vida entera pasó a través de una pantalla y, en ese aislamiento, el contacto humano real y el sentido de la ocasión se fueron perdiendo. Empezamos a creer que, como nadie nos veía de cerca, ya no importaba tanto el "cómo" nos presentábamos.

¿Comodidad o falta de interés?

Hoy nos encontramos con un nuevo estándar: el jogging se volvió el uniforme para todo. Y no me malinterpreten, está buenísimo descontracturar y sentirnos livianos, pero el problema surge cuando confundimos comodidad con desinterés. Hoy se va en ropa deportiva al banco, a un cumpleaños o a realizar trámites donde nos espera alguien que, quizás, sí se tomó el tiempo de prepararse para recibirnos.

Vestirnos de acuerdo a la ocasión es, en el fondo, darle valor al momento que estamos viviendo. No es lo mismo ir al parque a tomar unos mates relajados que entrar a una oficina donde nos recibe una persona con su uniforme impecable. Respetar al otro es hablarle con educación, pero también es decirle con nuestra imagen: "Valoro tu tiempo y el motivo que nos reúne hoy".

El cambio empieza frente al espejo

Este hábito de volver a "estar presentes" nace frente al espejo cada mañana. Vestirte para vos, pero también pensando en los demás, es una forma de decir que te importás y que el otro también te importa. 

No necesitás ropa de lujo ni marcas caras; lo que necesitás es intención. 

Al final del día, el respeto sigue siendo la prenda que mejor nos queda a todos.

 

¡Sigamos la charla en redes! Encontrame en Instagram  como @js.asesora Consultas por asesorías personalizadas vía mensaje directo.

 

TE PUEDE INTERESAR