En La Carrera, Tupungato, los hermanos mendocinos María Marta y Alejandro Boverman transformaron una búsqueda personal en un proyecto de hospitalidad donde la naturaleza, el silencio y el tiempo lento son protagonistas. Un arroyo, la Cordillera de los Andes y un conjunto de casitas pensadas para desconectar definen la experiencia.
Hay proyectos que nacen de una oportunidad y otros que empiezan con una necesidad. Mimbre Refugio de Montaña pertenece a la segunda categoría.
Para María Marta y Alejandro Boverman, hermanos mendocinos vinculados al turismo y la gastronomía, la pandemia significó también una pausa. Acostumbrados a viajar y a vivir en movimiento —una vocación que, cuentan, heredaron de su padre—, aquel momento los llevó a mirar de otra manera los espacios abiertos y a preguntarse por una forma de vivir menos acelerada.

De esa búsqueda nació Mimbre. “Para nosotros, Mimbre es el lujo de volver a lo esencial”, explican. Y esa idea se construyó alrededor de tres pilares: el silencio, la naturaleza y el tiempo lento.
La búsqueda del lugar no fue inmediata. Durante casi un año recorrieron alternativas hasta encontrar aquello que estaban imaginando: un refugio atravesado por un arroyo, rodeado de árboles de mimbre y escondido en un camino de montaña de La Carrera, en Tupungato. El paisaje terminó de definir el proyecto.

Desde el comienzo, los hermanos tuvieron una premisa clara: construir sin competir con el entorno. Por eso, en cada una de las casitas, la Cordillera de los Andes ocupa un lugar central. Las ventanas están pensadas para que la montaña sea parte de la experiencia, mientras que el sonido constante del agua acompaña la estadía.
La arquitectura y la ambientación siguen esa misma lógica. Una estética que combina confort, calidez, arte y diseño, sin perder de vista aquello que rodea al refugio.

Cada casita cuenta con cocina, ropa blanca de calidad, calefacción y los elementos necesarios para una estadía confortable. Y aunque la propuesta invita a desconectar, Mimbre también contempla a quienes necesitan mantener su rutina laboral: el refugio cuenta con conexión de alta velocidad.
Son escenas que María Marta y Alejandro imaginaron cuando comenzaron a darle forma al proyecto y que hoy aparecen en los relatos de quienes pasan por Mimbre.
“Nos encanta que nuestros huéspedes nos cuenten que viven escenas que alguna vez imaginamos”, dicen.
Y quizás ahí esté la verdadera medida del proyecto. Porque Mimbre no busca ser simplemente un lugar donde pasar una noche en la montaña. La intención es ofrecer algo bastante más difícil de construir: un espacio para bajar el ritmo, recuperar el tiempo y volver a conectar con lo esencial.
En medio de la Cordillera mendocina, los hermanos Boverman encontraron finalmente el lugar que estaban buscando. Y decidieron convertirlo en un refugio para que otros también puedan encontrarlo.
Web: mimbre.oficial.ar
