Francia amaneció este domingo con escenas de destrucción generalizada luego de un "día de furia" en todo el país, en el que hubo enfrentamientos entre la policía y manifestantes que protestaban por el deterioro de la educación, los altos precios y el retroceso del Estado de bienestar.
En las calles de París se veían negocios destrozados, autos quemados, bicicletas carbonizadas y montañas de vidrio y residuos.
La policía arrestó a unas 1.800 personas el sábado, mientras más de 550.000 manifestantes salían a las calles para participar en manifestaciones que fueron mayormente pacíficas.
Ante los incidentes, el presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que "no hay lugar para la violencia" en su país.
El gobierno culpó a la "extrema izquierda" de incitar las protestas de este sábado, de cara a las elecciones presidenciales de abril, mientras que el líder del principal partido izquierdista lo acusó de "jugar con fuego" al "provocar el caos" en las calles.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, dijo que 150 policías resultaron heridos en los disturbios.
El jefe de la cartera del Interior, Laurent Nuñez, afirmó que se registraron saqueos o intentos de saqueo en varias ciudades, entre ellas París, Ruan, Nantes, Toulouse y Marsella.
La principal manifestación tuvo lugar en la capital francesa.
